En una ciudad que se mueve sin pausa, Andrés Montes detiene el tiempo con la mirada. Mientras el concreto domina el horizonte, él busca el vuelo escondido entre las hojas y los cables.
En el Jardín Botánico de Pereira, las aves le muestran otra manera de habitar el mundo: una donde la calma todavía existe. Lo que para muchos pasa desapercibido, para él es un lenguaje el de una ciudad que respira entre el ruido.